Qué hace el sistema
El sistema nervioso recibe información del interior y del exterior del cuerpo, la transmite, la integra y organiza cómo responderá el cuerpo.
Un sonido, una mirada, una frase o un silencio forman parte de esa información, al igual que los latidos, la respiración, la tensión muscular, el hambre y el dolor.
Antes de que el pensamiento consciente comprenda qué está ocurriendo, el sistema ya ha empezado a explorar:
¿Es seguro?
¿Es conocido?
¿Es una amenaza?
El cuerpo percibe primero; la mente construye significado dentro de esa percepción. Ese significado no se forma únicamente en el sistema nervioso. El pasado, el estado presente, la perspectiva, el cuerpo y las condiciones en las que se vive determinan juntos cómo se forma la comprensión.
Dentro de este conjunto, el sistema nervioso transmite información, la compara y organiza la respuesta.
Los verbos del cuerpo
Recibe. Transmite. Integra. Distingue. Compara. Da la alarma. Prepara. Acelera. Ralentiza. Aprende. Recuerda. Reorganiza.
El trabajo del sistema nervioso no se limita a pensar o moverse. Conecta continuamente el mundo exterior con el mundo interior del cuerpo.
Esta conexión no funciona en una sola dirección. El cerebro afecta al cuerpo; la información procedente del cuerpo también afecta a la percepción, la atención, la emoción y la conducta.
El nervio vago es una de las vías importantes de esta comunicación bidireccional. La amígdala, el tronco encefálico, el sistema nervioso autónomo y las respuestas hormonales regulan juntos cómo empieza y cómo termina la alarma. Ningún nervio, órgano o área cerebral realiza este trabajo por sí solo.
Cómo funciona la arquitectura
Un acontecimiento nuevo no cae en un espacio vacío. Se encuentra con una arquitectura que ya ha sido construida.
El sistema no lee lo ocurrido atendiendo solo a ese momento. Lo que ha aprendido antes, el estado presente del cuerpo y su capacidad disponible también afectan a esa lectura. Por eso las mismas palabras pueden parecer corrientes un día y sentirse como una amenaza al siguiente. Un mismo acontecimiento no produce la misma respuesta en dos cuerpos.
El cuerpo no observa únicamente el exterior. También percibe continuamente lo que ocurre dentro. Esto se llama interocepción, o percepción interna.
Si la interocepción es un mapa, la conciencia es la brújula.
Un camino corporal que no destaca en el mapa no desaparece, pero no encuentra suficiente lugar en la conciencia ni en la elección de dirección. Cuando la atención vuelve hacia ese camino, la primera respuesta del cuerpo se hace visible.
Cuando se percibe una amenaza, el sistema cambia sus prioridades. La atención se estrecha, cambian el tono muscular y la respiración, y el cuerpo se prepara para protegerse. Este estrechamiento no es un error; puede ser necesario ante el peligro.
Lo decisivo no es que el sistema entre o no en un estado de amenaza, sino que pueda salir de él cuando sea necesario y que, dentro de lo ocurrido, siga viendo otros caminos.
La seguridad tampoco significa permanecer siempre en calma. Aunque el cuerpo esté activo, enfadado o triste, puede conservar otras opciones. La seguridad es la existencia de un espacio suficiente para relacionarse con lo ocurrido sin quedar encerrado en un único camino de protección.
El ciclo
El sistema reconoce un patrón del pasado. Esta familiaridad es una de las formas en que la memoria arquitectónica aparece en el cuerpo.
Cuando una misma condición vuelve a llamar una respuesta semejante, se forma una tendencia arquitectónica. Cada vez que el camino se repite, el sistema regresa a él con mayor facilidad. Cuando las demás opciones desaparecen con el tiempo, comienza el bloqueo arquitectónico.
El acontecimiento afecta a la percepción; la percepción, a la comprensión; y la comprensión, a la respuesta corporal. La respuesta corporal da dirección a la acción; la acción cambia los resultados y las condiciones de vida. Las nuevas condiciones se convierten en la arquitectura con la que se encontrará el siguiente acontecimiento.
El cuerpo no es un simple ejecutor de una decisión que le ha sido entregada. El ciclo lo afecta y, mediante sus respuestas, el cuerpo también cambia la dirección que sigue el ciclo.
La reacción es el camino existente que toma el mando antes de que pueda abrirse un campo de opciones. Puede aparecer como huida, silencio, rigidez, explicación, ataque o como si nada hubiera ocurrido. Estas formas no son la totalidad del carácter de una persona; pueden ser caminos que alguna vez ofrecieron protección.
El sistema suele repetir no lo que es bueno, sino lo que conoce.
El espacio de construcción
La cuestión no es acallar la alarma, mantener el cuerpo siempre en calma o no volver a reaccionar nunca. Algunas alarmas señalan un peligro real en el presente. Primero hay que escuchar qué está diciendo la alarma.
El cambio empieza cuando la primera respuesta del cuerpo se hace visible.
La conciencia hace visible la reacción en el plano mental y abre espacio para elegir una dirección. El Puente construye en el plano físico el terreno capaz de sostener ese intervalo. La respiración, el tono muscular, la postura, el movimiento, el descanso, el sueño y la alimentación forman ese terreno.
Cuando la capacidad de sostén del Puente no es suficiente, una persona puede saber qué está haciendo y aun así no ser capaz de mantener otra respuesta. Sin conciencia, el cuerpo también puede volver al antiguo camino en el que una vez encontró alivio. La capacidad de ver y la capacidad de sostener físicamente una nueva respuesta son dos partes distintas del mismo cambio.
Ver la primera reacción cuando aparece, distinguir un peligro presente de una antigua alarma y dar después una respuesta diferente abre un camino nuevo.
Esa respuesta no tiene por qué ser grande. Llegar al mismo punto y realizar esta vez un movimiento distinto es el primer paso por un camino aún no recorrido.
La elección abre una dirección.
La repetición vuelve más claro el camino.
El tiempo convierte ese camino en parte de la arquitectura.
Al mirarte
- ¿En qué situaciones entra tu cuerpo en alarma antes que tú?
- ¿Qué cambia en tu respiración, tus músculos, tus latidos o tu atención durante esa alarma?
- ¿En qué condiciones se reducen tus opciones y vuelves a la misma respuesta?
- ¿Tu reacción pertenece a la situación presente o lleva consigo una antigua familiaridad?
- ¿Qué espacio puede abrirse entre la primera respuesta de tu cuerpo y el movimiento que sigue?
- ¿Qué respuesta diferente podría convertirse hoy en el primer paso de un camino nuevo?